Día Internacional para la Reducción de Riesgos de Desastre: “Calor en interiores, una amenaza invisible y alternativas resilientes”

En los últimos años, el calor extremo se ha convertido en una amenaza silenciosa de creciente importancia por los riesgos que representa para la salud poblacional. A pesar de ser previsible, sus consecuencias son graves para las personas más expuestas y vulnerables. A nivel global, las ondas de calor están incrementando su intensidad, duración y frecuencia año con año debido a los escenarios climáticos extremos (García y Ley, 2024).
En México, se han reportado 2,140 casos de enfermedades relacionadas al calor para septiembre de 2026, con 121 defunciones, haciendo a Baja California el estado con más decesos registrados: al menos 48 por golpe de calor y 3 por deshidratación (Secretaría de Salud, 2026). Esto ha evidenciado a Mexicali, Baja California, como uno de los municipios más expuestos a los efectos del calor extremo, con temperaturas históricas registradas que han alcanzado los 52.7° C en 2025 (Servicio Meteorológico Nacional, s.f.).
La zona geográfica de Mexicali ha sido el escenario para fortalecer las capacidades comunitarias con base en la experiencia del Programa Nacional de Reducción de Riesgos de Desastre, a través del Proyecto de Resiliencia Climática en México (ZCRA, por sus siglas en inglés) de la iniciativa de la Fundación Z Zurich. Mediante estrategias de sensibilización comunitaria, el fortalecimiento de la acción temprana, y la incidencia y vinculación con actores clave, se trabaja para posicionar al calor extremo como amenaza prioritaria y transversal.
Las problemáticas del calor extremo son comúnmente asociadas con la exposición al sol, la escasez de espacios de enfriamiento y sombra, la falta de una cultura de autocuidado, y la ausencia de mecanismos de alertamiento y acción temprana, lo que ha favorecido acciones institucionales y recomendaciones enfocadas en las afectaciones por exposición en exteriores; por ello, este blog se centra en factores que incrementan el riesgo a la salud debido al calor extremo en interiores.
Hoy, en el Día Internacional para la Reducción de Riegos de Desastres, bajo el lema “La resiliencia empieza en casa”, se enfatiza sobre la importancia de construir y fortalecer la resiliencia a los desastres desde el hogar, desde donde las acciones de prevención y preparación son fundamentales ante los efectos progresivos, diferenciados y desproporcionados del cambio climático.
¿Por qué mirar hacia el calor en interiores?
El calor extremo en interiores es una amenaza de creciente relevancia que impacta de manera transversal y cotidiana a quienes habitan u ocupan espacios sin acceso o conocimiento sobre medidas de enfriamiento y adaptación apropiadas. De acuerdo con datos del INEGI, menos del 5% de las viviendas a nivel nacional cuentan con aislamiento térmico, es decir, sólo 1 de cada 9 hogares en regiones con clima cálido están adaptadas físicamente para reducir o evitar el paso del calor y la irradiación solar al interior (De Buen, O., 2021).
En Mexicali, el 5.7% de las viviendas presentan una vulnerabilidad alta o muy alta al calor extremo, 56.2% de ellas presentan vulnerabilidad media y el 38.1% tiene vulnerabilidades muy baja o baja. Las zonas más vulnerables al calor en Mexicali están relacionadas con el nivel socioeconómico poblacional, pues éstas se concentran en la zona de la periferia oriente y suroeste del municipio, donde hay asentamientos irregulares, familias de bajos ingresos y lotes vacíos (García y Ley, 2024).
Estas cifras preocupantes enfatizan la necesidad de visibilizar el calor extremo en interiores como amenaza, y preparar a las comunidades sobre sus riesgos representa un progreso para disminuir sus impactos diferenciados y desiguales.
Vulnerabilidades y riesgos del calor extremo en interiores
Los efectos del calor extremo son determinados por los niveles de vulnerabilidad y la capacidad adaptativa de las personas que viven y se desarrollan en casa, en las escuelas, en el transporte, en refugios y en lugares de trabajo expuestos al calor de manera crónica.
De acuerdo con el Ing. Oscar Pérez (2026), líder de Ingeniería de riesgos de Zurich Resilience Solutions México, los principales factores de vulnerabilidad en interiores están condicionados por el diseño y las características físicas del inmueble:
- Construcciones con techos expuestos, sin sombra y con materiales susceptibles a absorber calor con mayor facilidad, como losa, lámina y cemento (el techo es el área que alcanza mayor temperatura y donde se acumula más calor),
- Falta de aislamiento térmico (los materiales de construcción y el uso de colores oscuros en la pintura son determinantes en la acumulación y transferencia de calor),
- Ventanas grandes sin sombra o protección solar (sin cortinas o persianas),
- Orientación desfavorable hacia la exposición directa del sol.
De igual manera, el Ing. Oscar Pérez (2026) establece otros factores de vulnerabilidad que coadyuvan al aumento de la temperatura y otros riesgos asociados al interior de los inmuebles como:
- Falta de enfriamiento del aire (el viento caliente contribuye al calentamiento de la vivienda cuando las ventanas se encuentran abiertas),
- Falta de vegetación o presencia de vegetación seca,
- Materiales combustibles o inflamables cerca de las viviendas (madera, cartón, plásticos, etc.),
- Instalaciones eléctricas deficientes (cableado viejo o dañado, sobrecarga de contactos),
- Uso intensivo de aparatos domésticos (refrigerador, horno, plancha, etc.).



Estos son algunos ejemplos de viviendas vulnerables en Mexicali, Baja California.
Dichas condiciones generan un efecto dominó para quienes habitan u ocupan espacios cerrados, generando alta sensación térmica, aumento del riesgo de agotamiento por calor, deshidratación y golpes de calor, agravamiento de enfermedades crónicas y mentales, desarrollo de trastornos de sueño y deterioro cognitivo, mayor exposición a incendios, incremento de la demanda energética y del suministro de agua, y la disminución generalizada de calidad de vida (IFRC, 2026).
Estos impactos son profundizados por factores sociales, como la capacidad económica limitada para acceder a aire acondicionado o hacer mejoras en la vivienda; la falta de una planeación urbana y ordenamiento territorial verde y sustentable; la falta de información fidedigna y oportuna de pronósticos de temperatura o de acciones preventivas para la salud; el acceso desigual o limitado a servicios básicos en asentamientos irregulares; la falta de una percepción del riesgo sobre el calor; así como la falta de reconocimiento de las diferencias culturales y fisiológicas entre las personas y sus contextos.
¿Quiénes son más afectados por el calor y cómo?
Cuando hablamos sobre un grupo o población vulnerable al calor, nos referimos a una disminución en la capacidad de adaptarse a los impactos del calor extremo, en donde factores como la exposición (frecuencia, intensidad y duración de los eventos por calor), sensibilidad (efectos adversos debido a determinantes sociales, culturales, económicos, fisiológicos o ambientales) y adaptación (cómo nos ajustamos al fenómeno) juegan un papel importante en los daños a la salud (Qian & Liu, 2025).
A pesar de vivir en una misma zona que presenta calor extremo, los daños a la salud no son iguales para toda la población, la interacción entre los factores antes descritos nos lleva a identificar a grupos vulnerables que pueden, en mayor medida, presentar impactos directos: deshidratación, golpes por calor, agotamiento por calor; o indirectos: enfermedades transmitidas por vectores, inseguridad alimentaria, daños a infraestructura, pérdidas económicas, entre otros.
Un ante calor extremo desarrollado con base en entrevistas a la comunidad y a la jurisdicción sanitaria realizado por el Proyecto de Resiliencia Climática en Mexicali, identifica los principales grupos vulnerables al calor extremo: